 |  |  |  Llegamos al final del programa y debo decir que he asistido estupefacta a la justificación de algunas líneas de comportamiento en determinados concursantes de la casa en esta «ejemplar» muestra de convivencia, respeto y educación que nos han ofrecido este año, claro que tampoco era esto lo que se pretendía, ni en esta edición ni en las anteriores. Insisto en que me refiero a actitudes reiteradas ante cualquier tipo de estímulo, no reacciones aisladas ante hechos puntuales que por supuesto casi todo el mundo (exceptuando al Santo Job) tenemos alguna vez.
Además, al lado de la inconsistencia de algunas excusas está el hecho de que sólo hayan servido para alguno de los habitantes de la casa mientras al resto se les ha negado cualquier tipo de comprensión para nada de lo que han podido hacer o decir tanto dentro como fuera del juego, de tal manera que las eximentes aducidas para unos no han servido siquiera de atenuantes para los otros en circunstancias similares.
LA EDAD
Hasta la saciedad se ha escuchado y leído para disculpar comportamientos espectacularmente egoístas, inadaptados e incluso histéricos la excusa «es que sólo tiene X años...», como si se estuviese hablando de bebés o niños que aún no han dejado atrás la edad de las rabietas, y no de gente que podría llevar varios años trabajando, con edades que les permiten votar, hacer negocios, casarse, otorgar testamento, ser jurados, responder penal y civilmente por sus actos, etc., sin necesidad de ningún tipo de representación o tutela.
¿Puedo entender entonces que son adultos para todo excepto para convivir con otras personas y solucionar sus diferencias sin descalificaciones ni ataques? Quizá entonces el problema no resida en la falta de años tanto como en la falta de autoexigencia, disciplina y educación, cosas estas que no regala la edad por sí misma, sino la intención de obtenerlas y el esfuerzo por alcanzarlas.
LAS BUENAS INTENCIONES
Asumimos sin rubor que se puede infligir cualquier daño a un tercero (esto es importante, si los atacados somos nosotros nadie nos convencerá de la bondad del comportamiento y no funciona la coartada, sólo sirve si somos espectadores del hecho) siempre que se haga con «buena intención» e incluso, suponiendo que no exista intención, con que el autor de la conducta tenga «buen corazón»
Así, mientras se tenga «un buen fondo», se pueden obviar las consecuencias objetivas de nuestros actos y el ofendido ni siquiera merecerá más excusa que el consabido «no tenía intención de hacerlo» en el mejor de los casos. Si además se tiene la dudosa habilidad de falsear torticeramente la situación y aparecer como víctima (unas lagrimitas siempre ablandan) el éxito está plenamente garantizado, porque entonces se puede exigir además una disculpa de quien originariamente sufrió el ataque: «no era mi intención, si tú te ofendes no es asunto mío, es que tú tienes un problema»
Aunque puestos a tener buenas intenciones, ¿no sería mejor intentar corregir (de verdad) los comportamientos que hacen daño que pedir disculpas por ello? Porque de buenas intenciones ya nos han dicho que está empedrado el camino hacia el infierno...
En todo caso también me asombra la facilidad que tenemos (entremos todos y salga quién pueda) para erigirnos en jueces de la bondad o maldad ajenas, así como de sus motivaciones y la dificultad de alejarnos de los estereotipos que el programa y sus satélites nos han transmitido (con bastante eficacia en general) desde el inicio de esta temporada.
LA RETRIBUCIÓN Y LA PREVENCIÓN
El primer paso es justificar cualquier actitud si se considera que ha habido una provocación, hasta tal punto que la reacción puede alcanzar cualquier magnitud, a modo de retribución del comportamiento que la provocó.
Lógicamente, la siguiente medida es la prevención de actitudes futuras, es decir, como ya ha pasado una vez, se tiene «patente de corso» para actuar antes de que se produzca cualquier incidente, provocándolo de hecho muchas veces, «por si acaso»
Quizá alguien tenga la tentación de aducir «legítima defensa» pero habitualmente han sido tan desproporcionadas las consecuencias respecto de las causas que ni de lejos cabría contemplarla.
Se han visto en este GH comportamientos absurdos que se han venido justificando a lo largo de meses en algún episodio ocurrido en los primeros días del programa, y bueno, ya nos dicen que dentro todo se vive intensamente, pero fuera creo que se ha perdido la perspectiva en demasiadas ocasiones.
LA FORMA DE SER
«Si yo soy así, y algún rasgo de mi carácter resulta molesto a los demás, lo mejor será prescindir de los demás». Es increíble el número de veces que se ha escuchado decir «es mi forma de ser y si no te gusta...» sin que nadie se haya planteado que igual con un poco de esfuerzo se puede corregir aquello que incomoda al resto; así, en vez de una convivencia se ha asistido a un «conmigo o contra mí» del que ha resultado una clara ganadora aunque ni siquiera haya sido por habilidad propia sino por torpeza del resto y la clara protección superior que ha recibido.
Da la impresión de que a alguno le vienen riendo las gracias desde pequeñito, haciéndole creer que «tener carácter» es igual a «tener mal carácter», flaco favor cuando tenga que desenvolverse en un entorno donde el trato sea de igual a igual en el mejor de los casos y las cosas no sólo no se solucionen sino que empeoren al montar un escándalo por cualquier tontería, real o imaginada; porque, en determinadas circunstancias y según a quién tenga enfrente, mucha gente prefiere rehuir una confrontación, máxime cuando va a ser arrollada no con argumentos sino con gritos, pero es distinto cuando lo que se dirime no es un simple concurso, entonces quizá los chillidos solo sirvan para hacer estallar una situación en la cara de quien los profiere.
EL HECHO DIFERENCIAL
Puedo asumir que determinadas expresiones malsonantes en unos puntos de España no lo sean tanto en otros, vale, de acuerdo, y seguro que alguien (muchos) las encontrarán un particular gracejo por el hecho de pronunciarlas con determinado acento, pero no creo que finalizar una discusión con un exabrupto dedicado al interlocutor, siempre y en cualquier circunstancia, sea síntoma de haber nacido en una determinada ciudad o región y no en otra, más bien denota carencia de educación sin más contemplaciones, claro que esto actualmente no constituye ningún problema.
A mi juicio es comprensible que los familiares empleen estos argumentos y justifiquen (hasta el disparate a veces) las actitudes de los concursantes, tanto por los vínculos que les unen como por la particular forma de ser de algunos de ellos; lo que escapa por completo a mi entendimiento es la implicación y defensa a ultranza (casi diría cruzada) que han hecho este año algunas voces que se pretenden independientes, objetivas y tolerantes.
Para terminar permitidme decir que, aunque el programa me aburre cada vez un poco más, ha sido una excusa estupenda para conocer y ver cada día gente maravillosa en el foro a la que desde aquí mando un abrazo y un beso muy fuertes, y los que me conocéis sabéis que no puedo dejar de señalar que para mi Prima son, como siempre, especiales.

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